Pasiones gratuitas (o, a veces, lo peor que llevas dentro)

Anoche, durante el encuentro de Copa del Rey entre el Real Betis y el Sevilla FC, una barra lanzada desde la grada del estadio Benito Villamarín, el campo del Betis, impactó en la cabeza del centrocampista sevillista Joan Jordán tras el gol de Nabil Fekir que igualaba (1 – 1) el partido para los béticos. El locutor de Telecinco dijo lo que se suele decir en estos casos (“la acción de un único estúpido empaña…”, o algo similar) y, después de muchos minutos de indecisión, el partido (bastante bueno hasta entonces, diría, a juicio de cualquier aficionado al fútbol) fue suspendido.

No vivo ni soy de Sevilla (sí del Sevilla): habría que pasarse por allí al menos un rato en los días previos a estos partidos para tratar de entender la trascendencia que los duelos fraticidas tienen para decenas de miles de personas que, cabría afirmar, cubren todo el espectro de la sociedad sevillana. Huelga decir que, por poco o nada que siga la actualidad de la escuadra rival, como buen defensor de los colores rojiblancos, deseo que al Real Betis Balompié le vaya lo peor posible en lo deportivo. 

Más allá de la evidente condena al agresor y a este tipo de actos y a cualquier forma de violencia en los recintos deportivos, hay algunas cuestiones en las que me gustaría detenerme. Por ejemplo, aunque no siga la actualidad deportiva de Sevilla (sí, en lo posible, del Sevilla), y siendo consciente de que los derbis sevillanos (al igual que son capaces de desatar pasiones colectivas e individuales de manera sana y casi gratuita) son propensos a que cada uno saque lo peor que lleva dentro, sí que sé que los radicales béticos (en este caso particular) son conocidos por sus cánticos xenófobos y racistas, y el otro día, zapeando, vi cómo desplegaban una pancarta diciendo que estaban en contra de todo y en contra de todos. También me he cruzado con algún tweet oficial no muy pertinente, creo, durante las últimas semanas y estoy seguro de que desde ambos bandos (directivas, jugadores, aficionados) se habrán arrojado insultos y declaraciones no demasiado acertadas.

Volviendo a la barra que impactó sobre el jugador catalán del Sevilla FC, yo diría que el ejecutor de la acción de lanzar el objeto, no es la causa raíz (sí el responsable inmediato), de la suspensión del partido como se podría deducir del comentario del periodista de Telecinco. A mi entender, estas afirmaciones son equivalentes a decir que el mártir de tal organización terrorista es la causa de un atentado o a que cualquier maltratador, por responsable individual que sea, y con razón, ante la justicia, es la causa del maltrato en general (quizá resultado de una mentalidad colectiva, injusticias de toda índole, valores equivocados, circunstancias personales, trastornos, etc.). Pero es domingo por la mañana y espero que el partido se reanude sin incidencias (hoy a las cuatro de la tarde, a puerta cerrada) y con victoria para los sevillistas; mientras tanto, me voy a tomar un café con mi padre y enseguida el fútbol quedará aparcado, al menos hasta dentro de un rato.

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