Se llamaba Paco Gento

Resulta emocionante que un buen amigo y vecino con el que has seguido cientos de retransmisiones deportivas y compartido tantos instantes que siempre recordaremos te envíe un WhatsApp pidiéndote que escribas un post sobre un tema que nos concierne. Desgraciadamente, en este caso el asunto en cuestión es el fallecimiento de la leyenda del fútbol Paco Gento, un jugador que más allá de ostentar el récord de Copas de Europa en su haber (seis), ha pasado a la memoria colectiva como alguien que huyó de la notoriedad y la confrontación y como el máximo exponente de una saga de deportistas, los Gento-Llorente, cuyas ramificaciones se extienden hoy hasta el gran jugador del Atlético y de la Selección Marcos Llorente y cuyos ecos no parecen acabar de extinguirse nunca.

Es ya la hora de comer. Pongo las noticias del canal Vamos (el sustituto del Canal+ en lo relativo a deportes) y tweets de entidades rivales (Barcelona, Atlético de Madrid, Athletic Club de Bilbao o Racing de Santander) y políticos (Presidente del Gobierno incluido) inundan el televisor de casa. Me es inevitable acordarme de con qué cariño y admiración recuerda mi padre, buen madridista, al extremo cántabro del Madrid yeyé y, viendo las imágenes, pienso en un Cristiano Ronaldo en blanco y negro, quizá con algo más de clase (también de la relativa al señorío) del que sus rivales deportivos solo tienen cosas positivas que decir.

Pero también esta mañana fui partícipe de

una discusión, absurda, de hasta qué punto es responsable el famoso agresor bético (el de mi anterior artículo) y si el sevillista Joan Jordán es o no un excelente payaso circense (por más que el parte médico recogiese un traumatismo y no pudiese jugar la continuación del partido al estar bajo observación domiciliaria). Por suerte, recuerdo entonces aquella vez que yo era pequeño y salía del estadio del Bernabéu (para un niño de pueblo visitar Madrid cada Navidad era algo especial, al menos en los noventa) y buscábamos un bar para ver qué hacía el Barça contra el Sporting de Gijón. Encontramos uno en la calle de Concha Espina y, durante el encuentro, un señor mayor me tiraba de un pelo que me sobraba entonces. Cuando miré a mi padre a la busca de una explicación, éste me dijo que aquel tipo tan simpático se llamaba Paco Gento.

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